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Como apuntábamos en el artículo anterior, el hipocampo es el lugar donde se forma la memoria. Donde se almacenan nuestros recuerdos, tanto aquellos que poseen mayor antigüedad como los más recientes. La amígdalas son las encargadas del almacenamiento de las reacciones emocionales. Por ejemplo, el miedo.

Pero todas estas funciones se ven afectadas cuando una persona sufre de Alzheimer. El Alzheimer es una de las enfermedades neurodegenerativas más comunes en personas mayores de 65 años. Esta enfermedad se distingue por la atrofia de las amígdalas y el hipocampo y además por la pérdida progresiva de una sustancia química que es de gran importancia para el funcionamiento del cerebro. Es la acetilcolina que permite que las células nerviosas se comuniquen entre ellas y está implicada en actividades que tienen un vínculo con el aprendizaje, la memoria y el pensamiento. No obstante, es todavía un campo de la neurociencia que esconde muchos misterios. Si acudimos al diccionario de la Real Academia Española, la definición comienza así: atrofia cerebral difusa, como difusas son las causas de esta enfermedad.

La edad suele ser uno de los factores determinantes, y las mujeres son quienes más lo padecen. Esto puede deberse a que en general viven más. Al menos un 40% de los pacientes tienen antecedentes familiares, aunque este factor no es tan determinante. Las mutaciones genéticas son otras de las causas. El tabaco y las dietas grasas se presentan también como factores de riesgo. Pero como hemos dicho, en el Alzheimer nada es seguro.

Al principio los enfermos tienen perdidas leves de memoria a corto plazo que muchas veces se achacan a motivos de estrés. No saben dónde han dejado las cosas, o si han desayunado. La capacidad de crear nuevos recuerdos disminuye, es decir, se reduce la capacidad de aprendizaje. Los pacientes tienen dificultades para enfrentarse a nuevas situaciones y planteamientos.

El siguiente nivel o estadio de la enfermedad, es en el que se empieza a notar en el entorno de la persona. El deterioro alcanza también a la capacidad de razonamiento y comprensión. Y avanza muy rápido.

Un tercer nivel, y lo que se considera la última fase de la enfermedad, es aquel en el que el paciente ha perdido no solo la memoria a corto plazo, sino que también los recuerdos almacenados en la memoria a largo plazo. Muchas veces ya no reconoce a sus familiares. La mayoría de las funciones cognitivas se ven afectadas hasta el punto de que algunas personas se olvidan de cómo caminar e incluso de cómo hablar. La afasia o pérdida de vocabulario es bastante común en estos casos. A menudo se pierden en lugares conocidos y sufren cambios de humor constantes.ilustración de unas neuronas sanas comparadas con unas infectadas con alzheimer

Dado que se trata de una enfermedad crónica e imparable, hablar de las prevenciones que se pueden tomar, resulta un poco confuso. De todos modos, los expertos recomiendan principalmente la detección precoz y el ejercicio de la memoria.

No existe un tratamiento como tal para el Alzheimer, no obstante, existen algunos fármacos que pueden retrasar los síntomas en los primeros estadios. Como los anticolinesterásicos, que elevan los niveles de la acetilcolina, sustancia vital para el cerebro.

Actualmente el Alzheimer sigue encerrando muchos enigmas.

Vía| Scielo, EL MUNDO

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