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“El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos”. Así definía Henri F. Amiel la magnitud que permite organizar nuestras experiencias, porque ¿cómo entiende el paso del tiempo nuestro cerebro?

tiempo reloj de arenaEs inherente a nuestro cerebro el gusto por el cambio y la variedad. Es por ello que un mismo espacio de tiempo puede parecernos más corto o más largo en función de la cantidad de estímulos que recibe el cerebro, las diferencias que haya entre ellos y, al mismo tiempo, la atención que le prestemos. Esto influye en la manera en la que recordamos un acontecimiento y cómo este queda registrado en nuestro cerebro.

Es relativamente sencillo entender este aspecto considerando una situación que nos sirva de referencia. Por ejemplo podemos recordar un momento en el que nos hayamos sentido en peligro, una situación en la que hayamos temido por nuestra integridad. Este tipo de situaciones provocan que el tiempo parezca ralentizarse, o incluso detenerse, pues ante situaciones de necesidad nuestro cerebro recibe un mayor número de estímulos y registra mucha más información de la habitual con el objetivo de sobrevivir. Por ello, ante estas vivencias tenemos la sensación de que el tiempo se expande.

Prácticamente ocurre lo mismo ante circunstancias que se presentan como nuevas, pues el cerebro no sabe lo que va a ocurrir y dispara sus sistemas de alerta para registrar toda la información posible y aprender de lo que va a acontecer. Es decir, cuando nos sentimos amenazados o incluso cuando recordamos la experiencia de habernos sentido así, tenemos la sensación de que el tiempo pasa mucho más lentamente. Si la situación es peligrosa atendemos y recibimos muchos más estímulos que consiguen cambiar nuestra percepción de el paso del tiempo.

Cuando un suceso es cotidiano y se repite ocurre exactamente el efecto contrario, ya que tendemos a invertir menos tiempo en estudiarlo y tratamos simplemente de predecir qué es lo que va a ocurrir. Nuestra forma de percibir el tiempo no es por tanto lineal y esto influye en la manera en la que recordamos nuestras experiencias. Constantemente estamos haciendo predicciones y nuestro cerebro manifiesta de esa manera sus propias ideas sobre lo que acontece. Al unir estos pensamientos con los estímulos que recibimos del exterior lo que hacemos es construir una realidad que nos es más que una película propia.

tiempo engranajesUno de los casos más claros a la hora de ver cómo nuestro cerebro manipula la realidad es cuando nos encontramos ante una situación en la que comenzamos a impacientarnos, por ejemplo, ante una espera. Cuando esto ocurre comenzamos a pensar en posibilidades absolutamente remotas buscando incluso pruebas o hechos que corroboren nuestras expectativas.

Es imposible que nuestro cerebro codifique absolutamente todo lo que recibe, por lo que este tiene a quedarse con aquello que despierta su atención o le resulta de interés habitualmente con el único objetivo de sobrevivir. Dada la gran cantidad de información a la que estamos sometidos diariamente nuestra atención tiene que comportarse de manera selectiva por lo que filtra todo aquello que percibimos del exterior conforme a nuestras propias necesidades y deseos. Es curioso también ver cómo, cuando nuestro cerebro está aprendiendo a realizar una tarea, registra señales que de otra manera no procesaríamos porque carecerían de la suficiente importancia.

Todos estos factores influyen en tu memoria y en la manera en la que tu cerebro registra un recuerdo, ya que generamos realidades paralelas sin ser realmente conscientes de ello. Cuando rememoramos una vivencia solo conservamos aquello que en su momento nos pareció relevante o aquello que ha ido adquiriendo importancia tras hacer alusión al recuerdo a lo largo de los años.

Vía| Redes, Bustamante Zuleta Ernesto (2007), “El sistema nervioso: desde las neuronas hasta el cerebro humano”

Imagen| FondosHD, El Presente del Pasado, 1037fm

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