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Las emociones son resultado de la actividad de nuestro sistema nervioso. Es decir, son respuestas del organismo que pueden ser positivas o negativas en función de que favorezcan o no la supervivencia del individuo.

Hay quien defiende que los sistemas cognitivos y emocionales son gestionados de forma independiente, pero también hay corrientes que afirman que el pensamiento es una condición necesaria para que exista una emoción. Sin embargo, el hecho de que nuestro cerebro sea responsable de la elaboración de las emociones no significa que lo hagamos de forma intencional, ya que se trata de un proceso involuntario del que no se puede ser del todo consciente.

Pensemos en los momentos en los que sentimos tristeza y nos sobrevienen ganas de llorar. Lo único sobre lo que podemos intervenir es en la manifestación externa de ese sentimiento (el llanto), pero seguiremos sin tener el control sobre la emoción en sí misma.

Durante muchos años se le ha dotado de mucha más importancia a la parte racional del ser humano, delegando las emociones a un segundo plano, sin embargo, son ellas las que indican motivaciones, deseos, necesidades y objetivos. Ser capaces de medir las emociones con técnicas como Sociograph no nos permite predecir la conducta de cada individuo pero sí que puede ayudarnos a intuirla o, al menos, a saber qué mensajes son o no efectivos puesto que son capaces de despertar la atención y generar una emoción en el destinatario.

Cada persona experimenta las emociones de forma diferente. De hecho, algunos comportamientos son innatos mientras que otros pueden adquirirse. En este sentido, fue Charles Darwin (en su libro La expresión de las emociones en los animales y en el hombre’) el primero en observar que los animales experimentaban una gran cantidad de emociones y que su manera de expresarlas (la manifestación externa) tenía una función social y adaptativa que favorecen la supervivencia de la especie.

La función adaptativa consiste en que las emociones preparan al individuo para adaptarse al medio y sobrevivir. En otras palabras, activan su organismo y lo ponen en estado de alerta para enfrentarse a las demandas del entorno, de tal forma que evite ciertos estímulos o por e contrario lo guíen hacia determinados objetivos.

Por su parte, la función social tiene especial importancia en lo que la adaptación social del individuo se refiere y en lo relacionado con la capacidad de comunicación del sujeto con sus semejantes. En este caso las emociones afectan, tanto al comportamiento o acciones de los otros, como al propio individuo. Piensa en el gesto de sonreír (involuntario cuando algo nos hace felices). Muchas veces esta expresión está motivada de forma social (y no emocional) puesto que es un gesto de reconocimiento, aceptación o sencillamente de educación.

A pesar de que se ha estudiado que más de un 80% de las decisiones que tomamos a diario son emocionales, el equilibrio entre razón y emoción es lo que nos distingue de otras especies y, por tanto nos hace humanos.

Vía| Psicoavtiva, Psicodm

Imagen| Danger & Play

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