In blog

Edgar A. Poe dijo una vez: “Para nada me asusta el peligro, pero sí la consecuencia última: el terror”. Y sobre este tema versa esta nueva entrada. Sobre esa emoción tan fuerte en la que el cerebro libera unos niveles de adrenalina que provocan que el cuerpo nade entre la satisfacción y la adicción.

La noche del 31 de octubre se celebra Halloween, fiesta de origen irlandés y símbolo del inicio de un nuevo año celta. Y como todo comienzo tiene unos preparativos, que en este caso significan una maquinaria inagotable de productos referentes a ‘la noche de las brujas’, con sus luces, y sobre todo, sus tenebrosas sombras.

Imágenes icónicas, promociones, vestimentas, Decoración de Halloweenanuncios, dulces, etcétera, dirigidas a tdos los públicos anegan durante unos días el mercado global hasta celebrar la víspera del ‘Día de los santos’. Una oportunidad “de miedo” para las marcas en un contexto cada vez más atractivo, con mayor respaldo popular y con unos guarismos que lo dicen todo (o casi). Por poner un ejemplo, sólo en Estados Unidos, las familias gastaron más de 7.500 millones de dólares, según la Encuesta de Gastos del Consumidor de Halloween, realizada por la National Retail Federation en el año 2015.

Más rentable que el sexo, según A. Papadopoulos, el miedo es una respuesta dada a un acontecimiento y su singularidad reside en la interpretación de lo vivido. Sin embargo, requiere dotarlo de un valor añadido, una capacidad de ofrecer el cliente potencial una información desconocida por él hasta ese momento y que, posteriormente, se comparta, se viralice, lo que significa aumentar la repercusión.

Natural, intrínseco en el ser humano, estado de alerta, en términos antropológicos el miedo implica supervivencia y, en el contexto de mercado, se emplea a todos los niveles con el objetivo de captar la atención del público objetivo.

En este sentido, Halloween, como otras fechas similares (San Valentín o Navidad) significa talento y creatividad (aquí unos ejemplos: NikeIkea, street marketing y Dirt Evil). Miedo y placer en comunión, según Espinoza, para cubrir satisfacciones personales, salir de la rutina y vivir experiencias intensas.

Oferta de hotel para Halloween

Ahora bien, implica un gran trabajo entre bambalinas: seleccionar el público objetivo, lanzar el mensaje a través del canal más atractivo y elaborar una óptima estrategia. Sin ello, la comunicación no es efectiva, no se obtienen los niveles deseados de rentabilidad y el producto o idea puede caer en el más absoluto olvido.

Para que esta situación no ocurra, conviene conocer de primera mano las preferencias del consumidor, aquello que le impacta. ¿Cómo?. En la actualidad, el marketing tiene a su alcance avances científicos (la unión de ambas ramas da cómo resultado el marketing science) que “descubren” las respuestas inconscientes del mismo, como la medición de la actividad electrodérmica de la piel.

A esta novedad se suman técnicas de reconocimiento facial y el ‘eye traker’ que, acompañadas de la experiencia y a un amplio Big Data, favorecen que la empresa alcance sus metas, afiance su cuota de mercado, genere fidelidad y pueda ampliar su cartera de clientes, llegado el momento.

En definitiva, Halloween es una oportunidad para fidelizar, obtener o mejorar la reputación de marca y ampliar la cuota de mercado pero implica trabajo y costes y, para hablar de rentabilidad, requiere conocer de primera mano la opinión del público al que se dirige.

¡Puedes seguir la actividad de Sociograph en Twitter y Facebook!

Recommended Posts

Leave a Comment