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En 1989 Arthur Miller dirigió una divertida comedia en la que Richard Pryor y Gene Wilder interpretan a dos gerentes de un puesto de venta de periódicos que se ven involucrados en un crimen. ‘No me chilles que no te veo’ narra la historia de dos personajes, uno ciego y otro sordo, respectivamente, que tratan de resolver un asesinato.

Durante la cinta se suceden numerosas situaciones cómicas debido a la dificultad de comunicación que tienen los protagonistas. Ambos, carentes de un sentido, han aprendido a desarrollar el resto de capacidades sensoriales para relacionarse e interactuar en la sociedad.Mujer con los ojos tapados con cintas adhesivas

Ante la falta de una actividad sensorial, en este caso vista o audición, el cerebro se reestructura y especializa para compensar dichas carencias. Dividido en regiones, el cortex tiene esta virtud que se implementa mejor cuando la discapacidad surge desde el primer momento que cuando se adquiere.

Así, el sistema cerebral de una persona que ha nacido invidente difiere de la que ha perdido un sentido con el paso del tiempo, lo que podría servir de ayuda a los científicos a la hora de intentar devolver la visión, por ejemplo, a un individuo, según un estudio del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

Ésta sería una de las bases que sustentan teorías que afirman que los individuos ciegos, cuyo cerebro está mapeado, escuchan mejor y que los sordos cuentan con un sentido visual más desarrollado, como la aplicada en la Institución Académica universitaria de Sheffield, donde se ha comprobado que la visión periférica de las personas sordas pueden ser más eficiente que las que oyen en trabajos que dependen de la capacidad de poder ver un área amplia de actividad y responder con rapidez a las situaciones que surjan.

Hay otros enunciados que apuntan que en las personas con visión normal —-lo mismo ocurre en las que tienen audición normal—- la corteza visual, y auditiva, se mantienen tan ocupadas que no puede hacer otras funciones (es en estos casos cuando dichas cortezas Representación de la sordera con una mujer con la cabeza dentro de un recipientesensoriales se desvían de su misión de origen).

Esta afirmación lleva a pensar que los invidentes, por ejemplo, ven mejor, lo que no es del todo cierto pues hay sonidos que no captan, como testó Hellen Neville tras analizar la capacidad de ambos colectivos objeto de estudio y su percepción. Así, un ciego tiene mayor dificultad en percibir sonidos periféricos, al contrario de lo que le ocurre a un sordo, en una prueba equivalente, que muestra mejores valores en la visión periférica.

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Vía|CSI-CSIFEuropa PressScientific PsychicAmazings y ‘Entrena tu mente. Cambia tu cerebro’, de S.Begley

Imagen|sari_dennisegioiadeantoniis y Norte_it

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