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Las personas no somos libros que parten de la primera página al empezar el día. Tenemos un bagaje que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida y se va desarrollando por capítulos. Al igual que cuando queremos conocer la historia de una determinada época acudimos a archivos o bibliotecas, cuando queremos recuperar nuestra propia historia sólo tenemos que hacer uso de nuestros recuerdos.

Los recuerdos determinan nuestra vida y son los encargados de almacenar las experiencias que hemos ido viviendo en nuestro recorrido. Sin embargo, sería imposible recordar todo lo que alguna vez ha pasado pues nuestras manos o, mejor dicho, por nuestro cerebro. Solemos recordar lo que hemos adquirido por repetición, por entrenamiento o porque la intensidad del estímulo es demasiado fuerte.

La memoria de cada uno es algo muy personal y a la par que subjetiva ¿nunca te has preguntado por qué los recuerdos sobre un mismo hecho varían según la persona que los recuerde? ¿Cómo es posible que, si partimos de un sólo acontecimiento como referencia, se pueda interpretar de tan distinta forma entre unas personas y otras? Lo cierto es que vamos cambiando inconscientemente la percepción de lo ocurrido de tal forma que cada vez que recordamos algo que nos ha causado un fuerte impacto emocional recreamos lo ocurrido y lo reescribimos en la memoria según el estado de ánimo. Por esta razón, alteramos la realidad de forma involuntaria cuando pasa a formar parte de nuestros recuerdos.

Lo que vivimos y conocemos pasará a conformar nuestra memoria desde la etapa adolescente. Resulta curioso que sean los recuerdos positivos los que perduren con más facilidad en nuestra memoria, son estas vivencias las que nos servirán de punto de apoyo para forjar nuestra identidad y ayudarnos a crear nuestras aspiraciones personales. Algo totalmente dispar sucede con los recuerdos traumáticos, más presentes entre las mujeres, los cuales fragmentan la memoria emocional y producen cambios en el cerebro. Un ejemplo de cambio cerebral es el que producen los traumas. Estas vivencias disminuyen el tamaño del hipocampo (parte del cerebro que conforma la memoria y el aprendizaje).

¿Qué dicen los expertos de esta forma que tenemos de gestionar los recuerdos? El neuropsicólogo Rick Hanson no se muestra muy optimista en cuanto a los recuerdos. El autor de “Cerebro de Buda: la neurociencia de la felicidad, el amor y la sabiduría” sostiene que estamos programados para centrarnos en nuestras experiencias negativas. Hanson defiende que los recuerdos positivos no nos ayudan a sobrevivir y se mueren cuando pasan por la memoria a corto plazo. Aun así, este autor nos anima a que tomemos una actitud positiva y aprendamos a nuestro cerebro a dar más presencia a lo bueno.

Cuando no somos capaces de pasar la página de las vivencias negativas hacemos que nuestro optimismo sea sustituido por el miedo a que lo peor vuelva a suceder. Recuerda, la felicidad es fruto de nuestros pensamientos. Cuando algo bueno te suceda medítalo, disfrútalo y celébralo.

Vía| Unav, El Confidencial, YouTube, Crecimiento Positivo, Quo

Imagen| Zairalifecoaching  Globedia, Ceambienestar 

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