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TDAH son la siglas que se refieren al Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, un diagnóstico que se detecta en la infancia caracterizado por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o impedimentos en el control de impulso.

Este dictamen es motivo de disputa dentro de la comunidad científica. Por un lado, férreos defensores de un dictamen cuyo tratamiento ayuda al desarrollo de los menores. Por otro, los que se refieren que hasta el mismísimo “inventor”, la persona que acuño el término TDAH, Leon Eisenberg, definió momentos antes de morir como “enfermedad ficticia”.Cartel de un encuentro sobre TDAH

En la actualidad, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual ha recibido más de 130.000 firmas desde España para que establezca una día mundial, como la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) recogen este trastorno hipercinético, según la OMS, caracterizado por un patrón persistente de desatención e hiperactividad-impulsiva.

Clasificado como ‘Trastorno mental’ al otro lado del Atlántico se divide en tres tipos: predominio de déficit de atención, de impulsividad e hiperactividad o una combinación de ambos, sus síntomas son inquietud, habla excesiva o dificultad para respetar el turno de intervención, entre otros muchos, si se engloba dentro de la primera categoría, o ‘ensimismamiento’, falta de atención en los detalles no terminar las tareas, si está dentro del segundo tipo.

En la actualidad, se calcula que entre el cinco y el diez por ciento de los escolares sufren TDAH y que el 40 por ciento de las consultas de psiquiatría infantil se deben a este tema. Con estos guarismos puede costar entender que otros profesionales lo tilden de “epidemia ficticia” cada vez “más popularizada” y basada en “apreciaciones subjetivas”, según el catedrático de Psicopatología y Técnicas de Investigación de la Universidad de Oviedo, Mariano Perez.

SIN PRUEBAS QUE LO DEMUESTREN

Éste sostiene que el TDAH, objeto de estudio desde 1935, no cuenta pruebas neurofisiológicas ni biomarcadores que los respalden. Además, justifica el argumento de que los cerebros de los niños con o sin son diferentes con el hecho de que este órgano cambia en función de las exigencias y de las condiciones de vida. Para ello, menciona la disp
aridad entre un taxista que trabaja en una ciudad pequeña de otro que labora en una urbe de grandes dimensiones, como Londres y sus 25.000 calles, que deben ser aprendidas.

El tratamiento de este trastorno, cajas de medicamentos apiladas unas sobre otrasincluido en la Ley de Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), se basa, entre otros, en la medicación, cuyos resultados positivos, según el catedrático, se deben a los elementos estimulantes que forman parte de su fórmula magistral, por lo que en lugar de medicar habla de “dopar”.

En la defensa por la mejora de atención y la actividad padre-hijo y en la desmitificación del TDAH Perez cuenta con Joseph Knobel Freud, sobrino nieto del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, que se inclina por analizar “lo que falta”, la educación que recibe el infante y el contexto social antes de subirse a “esta moda” que “hipermedicaliza” a los niños.

Vía|Adana,Trastornohiperactividad,La mente es maravillosa,ABC,Comunidad TDAH y J.K. Freud

Imagen|marimartinez1963,congalaconga y marimartinez1963

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