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Estados Unidos celebra este martes, 8 de noviembre, un nuevo proceso electoral para elegir a su presidente número 45, sufragio que enfrenta en esta ocasión al republicano Donald Trump y a la demócrata Hillary Clinton, enzarzados durante una campaña electoral que termina en unas horas con el “simple gesto” de introducir un papel en una urna, y así ejercer el derecho a elegir.

Este dictamen popular, “más fuerte que una bala de fusil”, según el expresidente estadounidense A. Linconl, es el objeto de deseo de aquellos que aspiran sentarse en el escritorio Resolute de la vivienda más importante de América del Norte: la Casa Blanca. Y ésta, acompañada por el Capitolio, la Corte Suprema, el memorial de Iwo Jima o el monumento a Martin Luther King, entre otros emblemas, espera impaciente al que será su huésped para los próximos cuatro años.

Hasta aquí, nada nuevo: un proceso electoral que se repite en la gran mayoría de los países. Sin embargo, a pesar de que “la política no es una ciencia exacta”, como señaló Otto Von Bismark, hay una tendencia al alza a recurrir a herramientas enmarcadas en las ramas del saber humano que trabajan en el ámbito de la tecnología para conocer de forma más detallada cómo llegar más eficazmente al elector.

Entre ellas, técnicas neurocientíficas adaptadas al ámbito político para conocer la respuesta del votante ante determinados estímulos. Así, es posible conocer el impacto de una campaña, una imagen, una acción publicitaria o una alocución a través de una respuesta que, en numerosas ocasiones, es inconsciente, al tratarse de emociones básicas del ser humano, como la aversión o la sorpresa.

Discurso

En este sentido, cabe recordar el estudio publicado en la ‘Revista de Ciencias Humanas y Sociales’ (enlace), y entre los que figura la directora de Sociograph, Elena Martín Guerra, como coautora del mismo, ha analizado el impacto de los discursos de una selección de representantes políticos de España. Dicho trabajo académico señala que aquellos alegatos que mejores niveles de atención y emoción arrojaron fueron los que se estructuraron entorno a una línea ascendente, con un nivel de intensidad de menor a mayor grado.

Asimismo, y con similares valores, se encuentran las exposiciones que comenzaron con un inicio explosivo, y que luego lograron mantener niveles de atención y emoción. Este es el resultado de un estudio de carácter exploratorio realizado en abril del año 2015 en Valladolid, con una muestra de 30 alumnos de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de la capital del Pisuerga. Además, el trabajo de campo abordado incluye el tratamiento de la imagen, en concreto de los planos, como variable relacionada con los niveles atencionales y emocionales de los participantes.

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