La enfermedad de Alzheimer es un envejecimiento prematuro del sistema nervioso. A medida que avanza la enfermedad las funciones intelectuales van menguando. Así que, una buena forma de comunicación entre los profesionales y los pacientes es mediante los sentidos (visión, tacto, gusto, oído y olfato).

La patología puede dividirse en tres etapas:

  • En la etapa inicial empiezan las alteraciones de memoria, dificultades de expresión de ideas complejas y razonamiento.
  • Segunda fase, aparecen déficits de orientación, se agrava la falta de memoria, surgen problemas en la capacidad de expresarse y en el reconocimiento y empiezan las dificultades de movimiento.
  • En la fase final, existe una regresión a la primera infancia y acaba derivando en una incapacidad total.

Los estímulos básicos llegan por fibras nerviosas sensoriales a áreas cerebrales “primarias”. Después, se someten a un proceso identificativo en las áreas “secundarias”. Los lugares donde se forman los pensamientos, los sentimientos, el autocontrol, la creatividad y las decisiones. Según avanza la enfermedad se reduce todo lo que engloban los procesos cognitivos.

Sin embargo, los sentidos siguen siendo un nexo de comunicación entre paciente y cuidador. Y, aunque muchas de las funciones complejas se van deteriorando, la valencia emocional de las sensaciones resiste.

Asimismo, la pérdida de memoria sigue su curso poco a poco. Aunque existen diferentes razones que causan los problemas de memoria, la enfermedad afecta a estructuras cerebrales como el lóbulo temporal. Dicha región es la encargada de la memoria y de los procesos emotivos. La emoción y la memoria van de la mano. Y cuanta más valencia emocional tenga un evento más probable será que lo recuerde,y más resistirá al olvido.

Sociograph

Es por ello que los profesionales aprovechan esta capacidad sensorial para una estimulación cognitiva. En una investigación realizada por Sociograph en colaboración con la Asociación de Enfermos de Alzheimer de Palencia, se ha estudiado la atención y emoción que producen estímulos familiares con mucha carga emotiva para cada uno de los enfermos de Alzheimer. Estas investigaciones pueden derivar en la implementación de terapias individualizadas promoviendo a través de estímulos concretos para cada paciente, una estimulación sensorial-cognitiva más específica.

Además el enfermo de Alzheimer no es la única persona que sufre. Se trata de un binomio persona cuidadora, persona enferma. La persona cuidadora también sufre un agotamiento psicológico y físico, que puede derivar en problemas más graves como un estrés crónico o depresiones. Las investigaciones realizadas para la implementación de este tipo de terapias van también en beneficio de los cuidadores, pues a través de ellas pueden mejorar su percepción positiva sobre sí mismos.

Aun hay mucho camino que recorrer, pero estas investigaciones van abriendo diferentes puertas para encontrar soluciones a los problemas que esta enfermedad genera a más de 600.000 personas en España y a los familiares, cuidadores y profesionales implicados.

Fuentes| Centro Virtual Sobre envejecimiento, Mundo Asistencial

Imagen| Talleres Cognitiva, Elrincondejuanjeperez, Gestalt-terapia

Más información| Alzheimer, un largo camino hacia el desaprendizaje

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