La pregunta es sencilla: ¿Por qué aplicar Marketing Science en el sector de la agroalimentación?. Los motivos pueden ser muchos. Tantos como las ventajas que supone incluir marketing científico en un contexto de innovación. El objetivo no es otro que aumentar los márgenes de rentabilidad a través del conocimiento del consumidor. Una información que se antoja fundamental en cualquier punto del mercado.

Estado de la agroalimentación

En este caso, el sector agroalimentario vive un momento de cambio. Con perspectivas positivas, según datos gubernamentales, y nuevos mercados a la vista, los retos se centran en:

  • Mejorar la competitividad y rentabilidad de las empresas, en el marco de desarrollo que se vive en la actualidad.
  • Transformación digital: supone colocar en el centro de la ecuación al consumidor. Para estar al tanto de sus nuevos hábitos de compra y consumo.
  • Tecnológico: incorporar los avances necesarios para no perder a los jóvenes clientes.

Y es ante estas metas cuando la aplicación del Marketing Science cobra sentido. Es, pues, una respuesta factible al movimiento emergente de Industria 4.0. Aquel que pretende ayudar a las 28.000 mercantiles dedicadas al sector a ser más eficientes. A seleccionar las mejores tecnologías, en función de sus necesidades, y a dar transparencia a sus procesos de gestión y producción.

Como se ha mencionado, las perspectivas apuntan al alza. Los datos de comercio interno y las exportaciones así lo avalan. Sin embargo, las exigencias de los consumidores han aumentado. Y esto repercute en todo el sistema agroalimentario. También, el consumo es cada vez más sofisticado y requiere satisfacer necesidades nutricionales como no se ha hecho hasta la fecha. Antes no se prestaba demasiada a atención a este punto.

Además, la calidad de vida ha subido y esto afecta tanto a productos como a consumidores. En la actualidad, hay predisposición a pagar más para conseguirlos. Y hay nuevos productos, nacidos del avance al que no está exento este sector, aunque vaya a un ritmo más paulatino. Todo esto, justifica la inclusión de procedimientos científicos en el sector. Ahonda en la necesidad de saber qué opina y siente el consumidor.

Nuevos clientes

El tercer reto gira entorno a los más jóvenes. A ese consumidor nacido en una época digital. Al que no se llega por los canales tradicionales y sí por las nuevas plataformas. Pero tiene una particularidad: le gusta formar parte de la compra como un sujeto activo. Es participativo y muestra voluntad de expresar su opinión sobre los procesos de adquisición. En sí mismo es un desafío, a tenor de la cantidad de estímulos a los que está expuesto.

¿La mejor forma de conocerlo? Preguntar y observar. Recurrir a la investigación de mercados, área que también ha evolucionado hacia la ciencia. Así, a los métodos tradicionales se han sumado tecnologías procedentes de la neurociencia y las ciencias sociales. Por ejemplo, las herramientas capaces de determinar el impacto de una campaña de publicidad. De cuantificar los niveles de atención y emoción que ha despertado. Y con esos datos, es posible realizar un análisis más profundo, tanto del comportamiento como de los hábitos de compra.

Es el mismo caso para el cliente nacional que para el internacional. Con 50.000 millones de euros facturados en el exterior, el peso de la exportación no se cuestiona. Por lo tanto, en un mercado tan competitivo, las empresas que trabajen con las respuestas conscientes y, sobre todo, las no conscientes, tendrán más margen de maniobra. Sea el mercado alemán, francés, chino o colombiano. Es cuestión de adaptar la investigación al target.

Science

Así, a la hora de elaborar la publicidad, por ejemplo, habrá que incidir en los estímulos que generen mayor impacto. Como también el nivel de repetición en cada medio para que la campaña sea efectiva. 

Además, habría que trabajar en los elementos que se quieren mostrar para representar esa calidad intríseca de los productos, así como también en las estrategias de precio. Y en las formas de seducir a los consumidores para lograr que permanezcan en el punto de compra. E incrementen su gasto y regresen. 

También, la fuerza de ventas deberá tener una formación adaptada. Así como los elementos gráficos que acompañarán al empaquetado para llamar la atención del cliente. Esto, y más, escenifica las posibilidades del Marketing Science en la agroalimentación. El conocimiento de las respuestas del consumidor ante diferentes elementos comunicativos.

Conclusión

En definitiva, el Marketing Science simboliza una buena ocasión para el sector de la agroalimentación. Y es conveniente tanto por momento, en pleno proceso de digitalización. Como por lugar, pues es el primer sector industrial en facturación en España. El cuarto en Europa. El octavo a nivel mundial.

Entonces, para llegar a ese consumidor 3.0 ¿Se mantiene la política de comunicación actual o se le pregunta y, en función de su respuesta, se adapta y se mejoran los procesos para aumentar la rentabilidad?.

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